AGRICULTURA

Alimentar al mundo bajo la presión climática

¿Cómo puede la agricultura asegurar el suministro de alimentos mientras regenera los sistemas naturales de los que depende?

Los desafíos

  • Las emisiones asociadas al uso de suelo siguen siendo poco visibles a lo largo de las cadenas de suministro del sector alimentario
  • El financiamiento tarda en llegar a los agricultores que más lo necesitan
  • La innovación agrícola tiene dificultades para pasar de los proyectos piloto a la práctica
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Las soluciones

  • Construir sistemas de medición a nivel de unidades de producción agropecuaria
  • Coordinar el financiamiento y el apoyo técnico para movilizar la inversión a nivel de campo
  • Reducir el riesgo y acelerar la adopción de innovaciones de alto impacto en el campo
  • Visibilizar la huella de carbono para impulsar la demanda de alimentos con menor impacto ambiental
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Cada día, miles de millones de personas dependemos de la producción agrícola y ganadera, que pone lácteos, cereales, carne y verduras en nuestra mesa, y así alimentar a una población en constante crecimiento. Para 2050 habrá 9.7 mil millones de personas que alimentar, casi dos mil millones más que hoy.1

No es poca cosa. Los sistemas alimentarios globales dependen de condiciones de producción cada vez más volátiles e impredecibles. Los cambios en las temperaturas y en los patrones de precipitación ya han provocado menores rendimientos agrícolas, estrés en los animales y la degradación de las tierras cultivables. Mientras tanto, los sistemas alimentarios generan el 34% de las emisiones de gases de efecto invernadero globales y siguen siendo el principal motor de la deforestación y de la pérdida de biodiversidad.2 Y pese al enorme desgaste que la agricultura impone a la tierra y a los recursos, aproximadamente un tercio de los alimentos aún se pierde o se desperdicia a lo largo de la cadena de valor alimentaria.3 Solo entre los consumidores, los minoristas y las empresas de servicios de alimentos desperdician el equivalente a mil millones de raciones de comida cada día.

El resultado es un círculo vicioso: el sector que más necesita tierras y un clima estable es también uno de los principales responsables de su deterioro.

Transformar un sistema tan grande y fragmentado no será fácil; aun así, la agricultura puede romper el ciclo. Puede regenerar la tierra de la que depende, contribuir a ofrecer alimentos confiables y asequibles a una población en crecimiento, y al mismo tiempo construir sistemas alimentarios sostenibles. De no corregirse, el ciclo se agravará: aumentarán la pobreza alimentaria, la desnutrición y la desigualdad, y crecerá la presión sobre el sustento de los agricultores y las comunidades rurales. La resiliencia de las cadenas de valor alimentaria determinará cada vez más la capacidad de adaptación y respuesta de las comunidades y las economías que dependen de ellos.

En números:

«El futuro de la alimentación no tiene por qué obligarnos a elegir entre productividad, prosperidad y resiliencia. Bien gestionada, la transición puede fortalecer las tres»
Sarah Laidler, Líder Global del Sector Agrícola Carbon Trust

Los desafíos

1. Las emisiones asociadas al uso de suelo permanecen ocultas en las cadenas de suministro alimentarias

«En la mayoría de los productos alimenticios, la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero se genera antes de que lleguen a los anaqueles».

En la mayoría de los productos alimenticios, la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero se genera antes de que lleguen a los anaqueles. Alrededor del 68% de las emisiones del sector agroalimentario está vinculado a las actividades agropecuarias y al uso de suelo. Desglosado, aproximadamente la mitad proviene de la producción agrícola y ganadera en el campo y otro 19% se asocia con el cambio de uso de suelo.4

La mayoría de estas emisiones se generan fuera de las operaciones directas de las empresas, a lo largo de cadenas de suministro muy fragmentadas. Productos como el cacao provienen de numerosas unidades de producción agropecuarias de pequeños productores y pueden cambiar de manos y cruzar fronteras varias veces antes de convertirse en una barra de chocolate. Cuando el producto terminado llega a una empresa de alimentos, es posible que ya no se pueda saber dónde se produjeron sus ingredientes.

La forma en que se producen los alimentos complica aún más las cosas. Las emisiones agrícolas dependen de diversos factores, desde el tipo de suelo y las precipitaciones hasta las prácticas agrícolas y el historial de uso de la tierra. Por lo tanto, una misma práctica puede generar resultados diferentes entre regiones, proveedores o incluso entre unidades de producción agropecuarias. En un estudio sobre un campo de papa en Canadá, por ejemplo, las emisiones de óxido nitroso posteriores a la aplicación de fertilizante variaron de forma sustancial dentro de una misma explotación agrícola, ya que la topografía y la humedad del suelo influyeron en la magnitud de las emisiones.5

El sector lácteo demuestra cómo persisten las brechas de información incluso cuando se conoce a los proveedores. una empresa procesadora puede saber cuánto volumen de leche compra, qué explotaciones ganaderas se la suministran y qué tan eficientes son sus plantas de producción. Pero es posible que tenga información mucho menos consistente sobre las prácticas de alimentación del ganado, fertilización, manejo de estiércol y pastoreo que determinan las emisiones de cada unidad de producción agropecuaria. Por lo tanto, dos explotaciones ganaderas que suministran el mismo producto pueden requerir medidas de mitigación muy distintas.

Esta fragmentación dificulta que las empresas de alimentos cuantifiquen dónde están las oportunidades de mayor reducción de emisiones y de mejora de resiliencia. Sin información confiable, es más difícil identificar qué Proyectos necesitan apoyo, si los cambios en las prácticas están dando resultados o qué programas merecen mayor inversión, entre otras cosas porque resulta difícil hacer comparaciones. Esto complica priorizar acciones en cadenas de suministro complejas y generar confianza en que los recursos se están destinando donde pueden lograr el mayor beneficio.

Las empresas de alimentos tienen una influencia significativa para impulsar el cambio en sus cadenas de suministro. Ejercerla depende de ver qué funciona y qué no. Sin esa visibilidad, dichas empresas corren el riesgo de respaldar intervenciones equivocadas y de desaprovechar oportunidades para reducir las emisiones en sus cadenas de suministro.

Para muchos productos alimentarios, las principales fuentes de huella de carbono son el cambio de uso de suelo y la producción en campo, seguidas por la pérdida de alimentos.

Fuente: Our World in Data

Gran parte de las emisiones del sistema alimentario se concentra en las actividades de agricultores y productores, quienes cuentan con recursos financieros e influencia limitados. Esta desigualdad es una característica estructural del sector, integrado por 570 millones de unidades de producción agrícola en todo el mundo, la mayoría con una superficie inferior a dos hectáreas.

2. El financiamiento tarda en llegar a los agricultores que más lo necesitan

Los agricultores y productores son la columna vertebral de nuestros sistemas alimentarios globales, que están sometidos a una presión creciente. Cada cosecha fallida, reducción en los rendimientos o animal sometido a estrés térmico muestra el impacto que las lluvias intensas y las sequías prolongadas están teniendo en sus tierras y en su sustento.

En comparación con el promedio de 2014-2023, se prevé que las pérdidas de cosecha de trigo, cebada, avena y canola que enfrentan los agricultores de productores de granos y oleaginosas del Reino Unido provoquen una pérdida de ingresos de £4.8 mil millones entre 2024 y 2026.6 Estos costos son aún mayores en los países de bajo ingreso, donde el 27% del PIB proviene de la agricultura, la silvicultura o la pesca.7 A medida que El Niño se intensifica, la presión financiera sobre los agricultores, especialmente los pequeños productores, se incrementa de forma severa. Esto podría desestabilizar al sistema de producción de alimentos y empujar a decenas de millones de personas adicionales a una inseguridad alimentaria aguda para 2027, de acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos.8

En este contexto, los agricultores enfrentan un desajuste: la necesidad de invertir en adaptación y recuperación sigue creciendo, pero con costos de operación en aumento y márgenes estrechos, su capacidad de inversión no lo hace.

Los productores agrícolas necesitan financiamiento climático, pero con frecuencia reciben poco. En primer lugar, los créditos tradicionales no se ajustan a la realidad de la agricultura, cuyos ingresos dependen de las temporadas y del clima. Muchas medidas de adaptación y mitigación requieren una inversión inicial, mientras que los beneficios financieros pueden tardar años en materializarse. Esto significa que los agricultores asumen grandes riesgos al solicitar financiamiento con sus tierras como garantía, sobre todo cuando los retornos son lentos o inciertos.

En segundo lugar, aunque nadie duda que es necesario financiar la adaptación de nuestros sistemas de producción de alimentos, solo alrededor de 95 mil millones de dólares de financiamiento climático se destinan cada año a la acción climática agroalimentaria. Esto está muy por debajo de los 1.1 billones de dólares que se estima serán necesarios anualmente para 2030.9

Para complicar aún más el panorama, el financiamiento climático con frecuencia no llega a los agricultores. Aunque las instituciones de financiamiento para el desarrollo están redoblando esfuerzos para cerrar la brecha de financiamiento, menos del 1% llega a los pequeños agricultores.10

El financiamiento climático rara vez fluye directamente de las instituciones internacionales a los productores. En cambio, pasa por gobiernos, bancos de desarrollo, instituciones financieras locales y otros intermediarios antes de llegar a ellos. Los agricultores suelen necesitar inversiones prácticas que mejoren la resiliencia y la productividad, como la captación de agua de lluvia, sistemas de riego mejorado o cambios en las prácticas de manejo de la tierra. Un programa de financiamiento diseñado para apoyar el riego eficiente de los productores comerciales de fruta en el norte de México tendrá una relevancia limitada para los pequeños caficultores de Colombia o los ganaderos de Brasil. Los distintos sistemas de producción enfrentan riesgos, necesidades de inversión y limitaciones de implementación diferentes, lo que dificulta traducir grandes compromisos de financiamiento en recursos que respondan a las necesidades locales.

Además, la escala es enorme. Existen unas 570 millones de unidades de producción agropecuaria en todo el mundo, de las cuales, más de cuatro quintas partes miden menos de dos hectáreas.11 El financiamiento debe llegar a millones de agricultores individuales, y no a un pequeño número de grandes empresas. La escala y la fragmentación de este flujo de capital pueden retrasar los desembolsos y dificultar que el financiamiento llegue a quienes más lo necesitan. Como resultado, muchos de los productores más expuestos a los riesgos climáticos siguen siendo quienes menos pueden acceder al financiamiento que necesitan, en particular las comunidades agrícolas indígenas, rurales y de pequeños productores.

A pesar de generar alrededor del 30 % de las emisiones mundiales, los sistemas agroalimentarios reciben solo una pequeña proporción del financiamiento mundial destinado a la mitigación del cambio climático.

Proporción del financiamiento destinado a la mitigación en los sistemas agroalimentarios en 2021 y 2022, en comparación con su participación en las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI).

Fuente: Climate Policy Initiative

“El financiamiento climático debería estructurarse y distribuirse de manera que refleje la realidad de los productores a los que busca llegar.”
Arturo Palacios, Director Adjunto, México y Jefe de Finanzas Sostenibles, América Latina Carbon Trust

3. La innovación agrícola tiene dificultades para pasar de los proyectos piloto a la práctica

«El desafío ya no es solo desarrollar soluciones, sino crear las condiciones para que se adopten a gran escala».

Existen soluciones viables de descarbonización para el sector agropecuario. Los aditivos para la alimentación animal pueden mejorar la eficiencia alimentaria y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de metano. Un mejor manejo del suelo y los cultivos de cobertura (como alfalfa, centeno o mostaza) pueden fortalecer la salud del suelo y mejorar la resiliencia ante la sequía. La aplicación precisa de fertilizantes puede ayudar a los agricultores a usar los insumos de manera más eficiente. Sin embargo, es en la implementación a gran escala donde las cosas se estancan.

En 2021, los fondos de capital de riesgo destinaron 18.2 mil millones de dólares a tecnologías agroalimentarias viculadas a las etapas iniciales de la cadena de valor alimenticia, abarcando tecnologías agrícolas y de producción de alimentos.12 Las rondas de financiamiento de capital semilla y Serie A han concentrado la inversión en tecnología agrícola durante la última década, mientras que un número considerablemente menor de empresas ha logrado acceder a financiamiento en etapas posteriores o salido a bolsa.13

Sin embargo, el despliegue comercial sigue rezagado frente a la innovación. Los proyectos de amoniaco de bajas emisiones representan menos del 10% de la producción global actual, incluso si se incluyen los proyectos en etapa de factibilidad y de decisión final de inversión.14 En términos más generales, la brecha entre un piloto exitoso y su adopción generalizada sigue siendo difícil de cerrar. Los desarrolladores de soluciones pueden demostrar que una solución funciona, y aun así enfrentar dificultades para acceder a clientes y asegurar las oportunidades comerciales necesarias para ampliar su implementación a gran escala. Las empresas del sector alimentario disponen de una gama creciente de tecnologías y prácticas, pero con frecuencia carecen de una ruta clara para decidir cuáles están listas para un uso más amplio, quién debe asumir los costos y cómo coordinar la adopción a lo largo de la cadena de valor.

La falta de incentivos agrava estos obstáculos. Con frecuencia se espera que los productores agropecuarios asuman el costo y el riesgo financiero, mientras que quienes se benefician de las reducciones de emisiones resultantes y de los avances que pueden comunicar son las empresas procesadoras y las marcas. Cuando las prioridades inmediatas de los productores son mantener los rendimientos, controlar los costos y garantizar la viabilidad económica de sus actividades, asumir riesgos adicionales sin un retorno claro de inversión es una exigencia difícil de sostener.

Modificar las prácticas agrícolas establecidas también es difícil. La agricultura regenerativa y la agricultura de precisión requieren nuevos conocimientos, asesoría técnica y cambios en las formas habituales de trabajo. Los costos y riesgos de adoptar nuevas prácticas, como los cultivos de cobertura, surgen de inmediato desde el inicio y exigen un manejo adicional de esfuerzos, mientras que los beneficios tardan varias temporadas en materializarse. Este desequilibrio puede hacer que la adopción sea especialmente difícil para los agricultores que operan bajo presión financiera. En Dakota del Norte, Estados Unidos, los modelos mostraron que la transición a rotaciones de cultivos, cultivos de cobertura y labranza de conservación implicaba recortes en las utilidades durante los primeros tres años, y que el retorno solo se vería hasta el octavo año.15 Aunque la fertilidad del suelo y la retención de agua mejoran a largo plazo, la volatilidad extrema de las condiciones de producción, junto con estrechos márgenes de utilidad, dificulta especialmente la adopción para los agricultores bajo presión financiera. La consecuencia es una adopción lenta: en 2022 solo se sembraron cultivos de cobertura en el 4.7% de las tierras de cultivo de Estados Unidos, a pesar del creciente interés.16

Las soluciones

El sustento de los agricultores y la seguridad alimentaria ya están siendo puestos a prueba por un clima cambiante y por un sistema alimentario bajo presión comercial. Las soluciones graduales no bastarán para mantener el ritmo. Las intervenciones adecuadas pueden ayudar a que las unidades de producción agropecuaria sigan siendo productivas, evitar que las personas caigan en inseguridad alimentaria y construir un sistema alimentario más resiliente y próspero para las comunidades que dependen de ellos.

1. Construir sistemas de medición a nivel de unidad de producción agropecuaria que las empresas puedan usar para actuar

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2. Coordinar el financiamiento y el apoyo técnico para impulsar la inversión a nivel de unidad de producción agropecuaria

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3. Reducir el riesgo y acelerar la adopción en campo de innovaciones de impacto

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4. Visibilizar la huella de carbono para impulsar la demanda de alimentos de menor impacto

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1. Construir sistemas de medición a nivel de unidad de producción agropecuaria que las empresas puedan usar para actuar

«Para los exportadores que dependen de la agricultura, es posible lograr tanto la descarbonización como la diferenciación en el mercado mediante una medición consistente a nivel de unidad de producción agropecuaria».

Las emisiones asociadas al uso de suelo ofrecen algunas de las mayores oportunidades de descarbonización para el sector agropecuario, pero son difíciles de comparar y, más aún, de convertir en acciones. Contar con datos trazables a nivel de unidad de producción agropecuaria pueden cerrar esa brecha de información. Medir, reportar y verificar las emisiones a lo largo de la cadena de valor fortalece la rendición de cuentas, ayuda a las empresas del sector alimentario a enfocar sus intervenciones con mayor eficacia, a desarrollar planes de transición creíbles y a dar seguimiento al progreso de los mismos, y también brinda a los consumidores una base confiable para sus decisiones de compra.

La regulación puede contribuir a posicionar la trazabilidad de las cadenas de suministro como un punto más importante en la agenda. Los pasaportes y los sistemas de identificación de animales, como los que se introdujeron para contener la enfermedad de las vacas locas (encefalopatía espongiforme bovina (EEB)), muestran que la trazabilidad del campo a la mesa puede establecerse a mayor escala. Este mismo enfoque puede trasladarse a las emisiones de GEI: vincular un producto con su lugar de origen y dar seguimiento a su información ambiental a lo largo de la cadena de custodia. El Reglamento de la UE sobre Deforestación, que entrará en vigor en diciembre de 2026, aplica esta lógica de forma directa: prohíbe en los anaqueles y las exportaciones de la UE la carne de res, el cacao, el aceite de palma y la soya vinculados con la degradación de los bosques.

Nuevos estándares están extendiendo este enfoque a las emisiones y remociones del sector agropecuario. El Estándar del Sector de la Tierra y de las Remociones (LSRS, por sus siglas en inglés) ofrece a las empresas una guía más clara sobre qué información necesitan de sus proveedores y con qué nivel de precisión. En conjunto, el Reglamento de la UE sobre Deforestación y el LSRS refuerzan el argumento comercial a favor de la innovación en las unidades de producción agropecuaria y ofrecen a las empresas una base más consistente para rastrear emisiones y remociones con sus proveedores a gran escala.

Para los exportadores que dependen de la agricultura, es posible lograr tanto la descarbonización como la diferenciación en el mercado mediante una medición consistente a nivel de unidad de producción agropecuaria. El organismo irlandés de alimentos, Bord Bia, integra la evaluación de carbono en sus esquemas de certificación de carne de res y lácteos. Los agricultores participantes reciben huellas específicas de su unidad de producción agropecuaria, junto con información de referencia comparativa (benchmarking) y asesoría práctica a lo largo del proceso de auditoría. Estas evaluaciones alimentan Origin Green, el programa nacional de sostenibilidad de alimentos y bebidas de Irlanda. Sus miembros verificados representan el 90% de las exportaciones irlandesas de alimentos y bebidas, lo que crea un marco compartido para demostrar avances ante los mercados internacionales.17

Los programas nacionales son una vía para obtener mejores datos de emisiones; sin embargo, la agroindustria y las cooperativas también pueden desarrollar modelos para estimar las emisiones de las unidades de producción agropecuaria y de los productos, así como el aseguramiento independiente da credibilidad a estas herramientas incluso cuando las huellas individuales no están verificadas. Esto les permite ofrecer a marcas y minoristas datos creíbles para sus declaraciones y reportes. A medida que crece la demanda de esa información, la necesidad de mejores datos se transmite de vuelta, a lo largo de la cadena de suministro, hasta las unidades de producción agropecuaria. Un uso más amplio de métodos con aseguramiento puede hacer que los datos de emisiones creíbles pasen a ser una parte esperada de hacer negocios, y no un diferenciador voluntario.

La medición por sí sola no reducirá las emisiones. Pero, los datos confiables sobre emisiones de GEI pueden convertir dicha medición, de un ejercicio de cumplimiento, en una base para la acción. Las empresas de alimentos pueden identificar dónde la inversión tendrá el mayor efecto, demostrar avances y escalar las intervenciones que resulten más eficaces. Al mismo tiempo, los productores, procesadores, minoristas, financiadores y gobiernos pueden dirigir apoyo y recursos usando la misma evidencia.

Los sistemas diseñados para garantizar la inocuidad alimentaria también pueden permitir el seguimiento de las emisiones a lo largo de toda la cadena de suministro de alimentos, desde la producción en el campo hasta el consumo final. Esto proporciona a las empresas evidencia para demostrar sus avances, respaldar sus declaraciones ambientales con información verificable e identificar qué intervenciones están dando resultados.

2. Coordinar el financiamiento y el apoyo técnico para movilizar la inversión a nivel de unidad de producción agropecuaria

El principal reto de financiamiento de la transición agrícola no es solo movilizar financiamiento climático, sino cerrar el eslabón que falta para que ese financiamiento llegue a manos de los productores. Sin ese eslabón, los compromisos de financiamiento seguirán desconectados de las personas de quienes se espera que se adapten a los choques climáticos y transiten hacia prácticas agrícolas más sostenibles.

Los mecanismos coordinados de financiamiento e implementación se cuentan entre las palancas más adecuadas para identificar las necesidades de financiamiento los productores, sobre todo porque las prioridades varían entre regiones, productos básicos y sistemas agrícolas. La verdadera oportunidad está en establecer una cartera de proyectos de adaptación y mitigación agrícolas. El reunir a bancos internacionales de desarrollo, instituciones financieras locales, intermediarios agrícolas y expertos en sostenibilidad para acordar qué medidas apoyar, quiénes deben beneficiarse y cómo se medirá el impacto puede convertir los grandes compromisos de financiamiento en inversiones prácticas para las unidades de producción agropecuaria. También puede traducir las expectativas de los financiadores internacionales en criterios que funcionen en los mercados agrícolas locales.

Para que estos programas sean accesibles, también se necesita la infraestructura adecuada alrededor del propio financiamiento. El programa insignia de finanzas sostenibles de FIRA en México, ProSostenible, muestra cómo el financiamiento internacional puede canalizarse a través de un banco nacional de desarrollo y adaptarse a las condiciones agrícolas locales. Esto incluye identificar las tecnologías y prácticas elegibles, ofrecer incentivos a los productores con acceso limitado al sistema financiero, simplificar el proceso de aplicación al programa y establecer métodos claros de medición de impacto ambiental y de inclusión financiera. Los beneficios se distribuyen a lo largo de la cadena de financiamiento: los financiadores internacionales obtienen evidencia de que su capital está dando resultados; las instituciones financieras obtienen herramientas para evaluar y gestionar créditos sostenibles; y los agricultores obtienen una ruta más clara hacia financiamiento para inversiones que protegen sus tierras y su actividad productiva.

La asistencia técnica debe integrarse en los programas de financiamiento, pues generar conciencia y construir capacidades es igual de importante. Las instituciones financieras necesitan entender qué inversiones califican para el financiamiento sostenible, mientras que los productores necesitan orientación clara sobre qué opciones de financiamiento existen, cuáles se ajustan a sus unidades de producción y cómo solicitarlas. El apoyo técnico puede ayudar a los agricultores a poner ese financiamiento a trabajar mediante cambios prácticos en el terreno.

Los programas de los bancos de desarrollo no son la única vía para hacer llegar financiamiento a las unidades de producción. Las empresas procesadoras de alimentos ya trabajan directamente con los productores y dependen de un suministro confiable de leche, cultivos y otros productos agropecuarios. Invertir en sus proveedores —o incluso reunir fondos y conocimientos con otras empresas a lo largo de las cadenas de suministro— puede ayudar a las empresas procesadoras de alimentos a proteger su suministro futuro, fortalecer a las unidades de producción ante los choques climáticos y a reducir las emisiones de GEI de las cadenas de suministros. Como los procesadores de alimentos ya mantienen relaciones con los productores y conocen a detalle los sistemas de producción locales, también pueden ayudar a identificar oportunidades de inversión, consolidar la demanda y canalizar apoyo hacia las prácticas que generan el mayor impacto positivo. El financiamiento combinado o mixto (blended finance) puede conjugar esta inversión corporativa con fondos públicos, de desarrollo o filantrópicos. Como estas inversiones pueden tardar varios años en repagarse, los recursos gubernamentales o filantrópicos podrían ofrecer una garantía de primeras pérdidas (first-loss guarantee) que absorba parte de las pérdidas iniciales si las inversiones no alcanzan los resultados esperados. Esto daría a las empresas procesadoras de alimentos mayor confianza para invertir a más largo plazo y, al mismo tiempo, evitaría que los productores tengan que financiar solos la transición.

Hacer que el financiamiento agrícola funcione mejor para los productores podría liberar significativamente la inversión a gran escala:

60 millones

de hogares adicionales de pequeños productores agrícolas podrían ser elegibles para acceder a financiamiento.

Fuente: Carbon Trust18

$110,000 millones

podrían movilizarse anualmente.

Fuente: ISF Advisors

Dos vías que pueden acercar el financiamiento a los productores:

Cuando los organismos financiadores, los bancos locales y los especialistas en agricultura colaboran, los recursos destinados al financiamiento climático pueden canalizarse de manera que respondan a las necesidades locales. Los agricultores tienen así una vía más clara para acceder al capital, mientras que los financiadores obtienen mayor certidumbre sobre el destino de sus recursos y los resultados que generan.

3. Reducir el riesgo y acelerar la adopción en campo de innovaciones de alto impacto

En Carbon Trust creemos que las innovaciones necesarias para generar un impacto significativo en los sistemas alimentarios ya existen. La prioridad ahora es hacerlas prácticas, asequibles y de fácil acceso, como las siguientes:

Fertilizantes bajos en carbono

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Tecnologías para reducir el metano

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Herramientas de medición a nivel de explotación agrícola

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Soluciones para reducir la pérdida de alimentos

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Mejor salud y funcionalidad del suelo

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Riego solar

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«La posibilidad de escalar una solución suele depender de quién esté dispuesto a probarla, financiarla y asumir el riesgo».

Muchas innovaciones de alto impacto ya existen, pero llevarlas a las explotaciones agrícolas requiere una definición más clara de responsabilidades y una colaboración a nivel de todo el sistema. Con frecuencia no está claro quién las probará con los agricultores, quién las financiará y quién asumirá el riesgo si fallan. Agricultores, procesadores, minoristas, innovadores y financiadores desempeñan un papel, pero ningún actor puede, por sí solo, llevar las soluciones de la fase piloto a un uso generalizado. Por ello, abrir rutas más claras de la innovación a la adopción es tan importante como desarrollar las propias tecnologías. Creemos que los siguientes mecanismos, adaptados a los factores y requisitos de cada contexto, pueden impulsar la adopción a escala de estas soluciones:

Programas de aceleración. Muchas innovaciones agrícolas tienen dificultades para pasar de la fase piloto a la práctica porque ningún actor puede, por sí solo, probarlas, financiarlas y reducir su riesgo. Los programas de aceleración pueden ayudar al reunir a innovadores, inversionistas, actores de la industria y futuros clientes en torno a un desafío común. Enfoques similares han ayudado a que nuevas soluciones se abran camino en sectores como el energético. La primera cohorte del Acelerador de Tecnología para Sistemas Alimentarios y Agrícolas (FASTA, por sus siglas en inglés) apoyó a ocho empresas agrotecnológicas con sede en el Reino Unido que trabajan para abordar algunos de los desafíos más urgentes del sector alimentario. Al reunir a empresas agrotecnológicas, empresas de alimentos, financiadores y productores, los programas de aceleración permiten probar las soluciones en campo y adaptarlas a las necesidades de los productores. Los productores pueden ensayar tecnologías desconocidas con apoyo práctico, sin asumir todo el costo y el riesgo. Probar las soluciones con productores también ayuda a determinar si son prácticas, asequibles y están listas para un uso comercial más amplio. Igual de importante, los programas de aceleración crean un vínculo directo entre innovadores, productores y futuros compradores. Esto ayuda a las empresas de alimentos a identificar las tecnologías más relevantes para sus cadenas de suministro y, a la vez, ofrece a los innovadores una visión directa de cómo deben funcionar sus soluciones en las explotaciones agrícolas y de lo que necesitan los clientes.

Colaboración técnica. La coordinación brinda al sector agrícola mayor confianza en las nuevas soluciones al definir una forma común de medir y comparar su impacto. Los fertilizantes bajos en carbono son un buen ejemplo. Actualmente, los distintos tipos de fertilizantes se evalúan de maneras diferentes, por lo que fabricantes, inversionistas y empresas de alimentos llegan a conclusiones distintas sobre un mismo producto. Al trabajar en conjunto, los productores de fertilizantes, las empresas de alimentos, los expertos técnicos y los organismos de normalización pueden desarrollar métodos coherentes y, con ello, fortalecer la base de evidencia de estos productos. Los beneficios para el sector son evidentes: contar con un enfoque común facilita la comparación de las distintas opciones, permite invertir en innovación con confianza y ayuda a sentar las bases de futuras normas y regulaciones.

Plataforma sobre pérdida de alimentos. A medida que el cambio climático presiona cada vez más el suministro de alimentos, perder alimentos que ya fueron producidos debilita aún más la seguridad alimentaria. Sin embargo, la pérdida de alimentos varía según los cultivos, los países y las cadenas de suministro, lo que dificulta saber dónde tendrá mayor impacto la acción. A partir de la Herramienta de Impacto de la Pérdida de Alimentos (Food Loss Impact Tool) que Carbon Trust desarrolló con la IFC, una plataforma más amplia podría reunir en un solo lugar datos sobre pérdida de alimentos y evidencia sobre soluciones prácticas. Permitiría identificar dónde son mayores las pérdidas y las emisiones, comparar respuestas como el almacenamiento en frío y el procesamiento local, y mostrar su valor financiero y ambiental. Así, empresas, gobiernos e inversionistas contarían con una base común para dirigir los fondos hacia las soluciones adecuadas.

Acuerdos de incentivos liderados por los principales actores del sector alimentario. Los procesadores, fabricantes y minoristas de alimentos pueden promover una adopción más rápida de métodos agrícolas de menores emisiones mediante el pago de primas, la coinversión y la celebración de acuerdos de compra a largo plazo. Al tener relación con miles de proveedores, están en buena posición para compartir los costos y riesgos iniciales que con frecuencia frenan la adopción, lo que permite que tecnologías y prácticas comprobadas superen la etapa piloto y se escalen en toda la cadena de suministro. De este modo, los agricultores adquieren la confianza para invertir, mientras que las empresas de alimentos pueden asegurar un suministro más confiable y avanzar en el cumplimiento de sus compromisos climáticos.

Cómo pueden funcionar los aceleradores: el ejemplo de FASTA

4. Hacer visible el carbono para generar demanda de alimentos de menor impacto

Reducir la presión que ejercen los sistemas alimentarios exigirá cambios tanto en lo que comemos como en la forma de hacerlo. La carga ambiental de las dietas actuales está lejos de repartirse de manera uniforme: el 30% de los países más ricos es responsable del 70% de ella.18 En muchos de estos países, el consumo de carne roja también supera los niveles recomendados. Aunque las guías de salud aconsejan no consumir más de 350 a 500 gramos por semana, en los países de ingresos altos se consumen más de 1 kilogramo. En Estados Unidos y Argentina, el consumo supera los 1.2 kilogramos por persona.

La Comisión EAT-Lancet 2025 estima que seguir la Dieta de Salud Planetaria, diseñada para mantenerse dentro de los límites ambientales, podría evitar hasta 15 millones de muertes prematuras al año al reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y cáncer. Por ello, los alimentos más saludables y de menor impacto pueden mejorar la salud pública y, al mismo tiempo, reducir la presión sobre el clima, la tierra y la naturaleza.

Cambiar los hábitos alimentarios es difícil cuando se desconoce en gran medida el impacto de lo que se elige comer. El precio, el sabor y la conveniencia seguirán influyendo en lo que la gente compra, pero la información clara en el punto de venta puede ayudar a comparar opciones.

El etiquetado nutricional frontal demuestra que hacer visible la información puede influir tanto en lo que la gente compra como en lo que producen las empresas. Países como Chile, México, Canadá, el Reino Unido y Francia utilizan etiquetas tipo semáforo o símbolos de advertencia para indicar si un alimento tiene un contenido alto, medio o bajo de grasa, azúcar o sal. En Chile, la proporción de alimentos y bebidas envasados con alto contenido de calorías o de nutrientes críticos bajó del 71% al 53% después de que el etiquetado de advertencia se volvió obligatorio.20

Un enfoque similar podría hacer más visibles las emisiones. Así como la información calórica se ha vuelto parte habitual de las decisiones de compra, las etiquetas de carbono podrían ayudar a los consumidores a comparar productos de un vistazo y saber si un paquete de café tiene una menor huella de carbono que otro o que su versión anterior. A pesar de la creciente presencia de declaraciones de sostenibilidad en los alimentos, la huella de carbono de un producto sigue siendo en gran medida invisible. Hacerla visible daría a las marcas y a los minoristas más razones para reformular sus productos u ofrecer alternativas de menor huella de carbono.

Seguirán siendo necesarios impuestos y subsidios para construir un mercado de alimentos más saludables y de menor huella de carbono, pero hacer visible el carbono puede generar una señal de demanda en todo el sistema alimentario. Los consumidores pueden identificar opciones de menor impacto, los minoristas y las marcas pueden ajustar lo que ofrecen y compran, y los procesadores pueden priorizar ingredientes de menor huella de carbono. Cuando ese valor se traslada a los agricultores mediante primas, incentivos o compromisos de compra a más largo plazo, estos tienen un motivo más sólido para cambiar su forma de producir alimentos.

En cifras:

2/3

de los productos con declaraciones relacionadas con criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) registraron un crecimiento en ventas más rápido que aquellos sin estas declaraciones.

Fuente: NielsenIQ

66%

de los consumidores considera que el etiquetado favorece la toma de decisiones de compra.

Fuente: Estudio de YouGov para Carbon Trust (2023), realizado en 11 mercados globales: Alemania, China, Colombia, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Países Bajos, Reino Unido, Sudáfrica y Suecia.

125%

El incremento promedio en las ventas de los productos que forman parte del programa Climate Pledge Friendly de Amazon durante su primer año.

Fuente: Amazon Science

«El cambio comienza a hacerse presente en todo el sistema alimentario. Cada vez contamos con mejores evidencias para orientar las inversiones, las innovaciones están superando la fase piloto y la demanda de alimentos producidos con un menor impacto ambiental está creciendo. Aunque estos avances aún no ocurren a la escala necesaria, demuestran que es posible romper este ciclo y avanzar hacia un sistema alimentario más sólido y resiliente.»
Ana Terroba, Gerente Senior, América Latina Carbon Trust

Nuestros expertos:

Sarah Laidler

Líder Global del Sector Agrícola

Ana Terroba

Gerente Senior, América Latina

Arturo Palacios

Director Adjunto, México y Jefe de Finanzas Sostenibles, América Latina

Eva Escamilla

Directora General de América Latina

Fernanda Cruz

Asociada Senior, Huella y Etiquetado

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Referencias:

1 UN Population Division Data Portal

2 Nature Food: Food systems are responsible for a third of global anthropogenic GHG emissions

3 UN Nutrition International Day of Awareness of Food Loss and Waste 2026

4 FAO: Greenhouse gas emissions from agrifood systems

5 Soil Use and Management: Topography-driven variability in soil greenhouse gas emissions during potato growth season

6 Energy & Climate Intelligence Unit: UK arable farmers lose billions

7 Our World in Data: Share of GDP from agriculture (1960-2025)

8 World Food Programme

9 Climate Policy Initiative: Landscape of climate finance for agrifood systems 2025

10 Climate Policy Initiative: The climate finance gap for small-scale agrifood systems

11 FAO: 2025 update on the number of farms, farm size and farmland distribution

12 2022 AgFunder AgriFoodTech Investment Report

13 McKinsey: Breaking down the farmer adoption dilemma

14 IEA: Fertilisers

15 Regen10: Landscape Transition Pathways

16 US Census of Agriculture, 2024

17 SDG Action: Powered by partnership

18 Estudio de YouGov para Carbon Trust (2023), realizado en 11 mercados globales: Alemania, China, Colombia, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Países Bajos, Reino Unido, Sudáfrica y Suecia.

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