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ENERGÍA

Construyendo sistemas energéticos para una prosperidad compartida

¿Cómo podemos transformar los sistemas energéticos a nivel global de manera rápida, equitativa y a la escala necesaria?

Los desafíos

  • Los combustibles fósiles aún forman parte importante de las economías y su cambio no es sencillo
  • La infraestructura se está quedando atrás: las redes eléctricas tienen poco financiamiento, son insuficientes y no están preparadas para la integración de energía renovable
  • Las políticas y regulaciones desactualizadas limitan el despliegue de energías renovables
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Soluciones

  • Establecer las condiciones para una transición rápida y justa del carbón hacia energías limpias
  • Construir las redes eléctricas del futuro: más grandes, inteligentes y resilientes
  • Hacer que la transición energética funcione como una solución sistémica, y no por partes
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Actualmente, el mundo genera más de 30,000 Terawatt-hora de electricidad al año, aproximadamente 150 veces más que hace un siglo. Lo que antes era una tecnología novedosa y exclusiva, hoy es la base de prácticamente todo lo que hacemos. Sin embargo, esta expansión aún no es universal: actualmente, 730 millones de personas viven sin acceso a electricidad, lo que nos recuerda que, aunque el progreso ha sido enorme, no se ha sido de manera equitativa. La electricidad no es solamente un sector dentro de la economía; es el tejido conector que impulsa la vida humana. También es responsable de alrededor de tres cuartas partes de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y la base de la que depende la descarbonización. A medida que el mundo se electrifica y avanza hacia energías limpias, la demanda sigue creciendo. El reto no consiste únicamente en descarbonizar la energía que usamos hoy, sino en aumentarla significativamente, asegurando que los costos y beneficios asociados se distribuyan de forma justa entre hogares, trabajadores y regiones. Las transiciones energéticas anteriores llevaron a la humanidad de un recurso finito a otro, la biomasa al carbón, y posteriormente al petróleo y gas, transformando economías, redefiniendo estructuras de poder y modificando todos los aspectos de la vida. La transición energética actual es distinta. Por primera vez en la historia, estamos eligiendo fuentes de energía capaces de sostener la vida moderna sin causar un deterioro ambiental: fuentes que no se agotarán, que pueden generarse prácticamente en cualquier lugar y que son mucho más resilientes frente a cambios geopolíticos. En la mayoría de los mercados, además, ya representan la opción más económica. En 2025, la generación de energía limpia superó por primera vez el crecimiento de la demanda mundial de electricidad. Actualmente, nueve de cada diez nuevos proyectos renovables son más baratos en comparación con la alternativa fósil más económica; además, las economías que representan el 92% del PIB global han logrado desacoplar el crecimiento económico de las emisiones. A pesar de ello, las emisiones globales aún no alcanzan su punto máximo y el mundo sigue en camino hacia un aumento de temperatura de entre 2.3°C y 2.5°C durante este siglo. El progreso ha sido significativo, pero aún no es suficiente. El conflicto geopolítico en Medio Oriente ha vuelto a poner sobre la mesa la importancia de acelerar esta transición. Tres cuartas partes del mundo viven en países dependientes de energía que no producen y cuyos precios son definidos por mercados que no controlan. Más allá de una estrategia climática, la transición energética representa la diferencia entre resiliencia y vulnerabilidad. La oportunidad es extraordinaria: energía más accesible y resiliente, aire más limpio, mejores condiciones de salud, millones de empleos y nuevas oportunidades, incluyendo para quienes hoy dependen de industrias fósiles; y, por primera vez en la historia, la posibilidad de impulsar la vida humana sin desestabilizar el planeta. La pregunta es si gobiernos, inversionistas, instituciones y comunidades podrán trabajar juntos para retirar progresivamente los combustibles fósiles, construir la infraestructura necesaria para reemplazarlos y rediseñar las reglas del sector con la velocidad necesaria, de una manera que beneficie a todas las personas.

En números:

NOTA: Esta página se enfoca en la descarbonización de los sistemas eléctricos, es decir en el retiro progresivo de combustibles fósiles, la modernización de redes eléctricas y la integración de energías renovables. Carbon Trust cuenta con dos áreas de trabajo adicionales en el sector energía – Acceso a la Energía y Energía Eólica Marina – que están estrechamente relacionadas, pero que serán exploradas con mayor profundidad por separado. Próximamente presentaremos una visión para cada una de estas áreas, así como soluciones específicas

“Latinoamérica, además de tener un potencial enorme por los abundantes recursos de energía renovable como sol y viento, también tiene la ventaja de aprender de los errores que se han cometido en economías desarrolladas para acelerar el paso en el despliegue de los proyectos, de tal forma que pueda tener una red flexible, energía limpia y asequible, y una transición justa y sostenible.”
Sebastián Del Cueto, Gerente de Transición Energética Carbon Trust

LOS DESAFÍOS

1. Los combustibles fósiles aún forman parte importante de las economías y su cambio no es sencillo

La construcción de energía limpia y el retiro de fuentes contaminantes son desafíos distintos pero interconectados, y el mundo ha avanzado mucho más en el primero que en el segundo.

La electricidad representa alrededor de tres cuartas partes de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global, y los combustibles fósiles son responsables de casi todas ellas. En 2025, las energías renovables superaron por primera vez al carbón como la principal fuente de generación eléctrica del mundo. Sin embargo, el carbón sigue generando alrededor del 70% de las emisiones del sector eléctrico y 15.8 gigatoneladas de CO₂ cada año.⁷ En este sentido, el retiro acelerado de los combustibles fósiles es una condición básica para la descarbonización. No obstante, la brecha entre la ambición y el progreso es evidente. Los combustibles fósiles aún generan alrededor del 60% de la electricidad a nivel global, y los países con compromisos Net Zero producen el 95% de la electricidad con carbón.⁸ Actualmente, las energías renovables son más económicas y rápidas de implementar en comparación con las alternativas fósiles, además, su crecimiento continúa rompiendo récords. Sin embargo, aquí encontramos una paradoja: aun cuando en 2025, las renovables lograron cubrir por primera vez todo el crecimiento de la demanda eléctrica nueva, la infraestructura fósil continúa retirándose muy lentamente. La generación de energía limpia y el retiro de la infraestructura contaminante son desafíos relacionados, pero distintos, y el mundo ha avanzado mucho más en el primero que en el segundo. China es un ejemplo más claro de esta situación. El mayor constructor e impulsor de energías renovables también opera casi la mitad de las plantas de carbón a nivel global, y consume un 30% más carbón que la suma del resto del mundo.⁹ Tan solo en 2025, China puso en operación cerca de 80 GW de nueva capacidad.¹⁰ Mientras tanto, para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París es necesario retirar 126 GW de capacidad de carbón cada año hasta 2040, al mismo tiempo que se desarrolla nueva generación eléctrica y se modernizan las redes para transportarla (ver Reto 2).¹¹ El petróleo y el gas enfrentan un reto similar: ambos continúan profundamente integrados como combustibles de respaldo, capacidad de soporte y, en muchos mercados emergentes, como fuentes principales de generación donde las alternativas limpias aún no están disponibles a gran escala. La velocidad con la que se necesita transformar los tres combustibles no tiene precedentes históricos. Más allá de su papel como fuente de energía, el carbón sigue siendo un pilar económico en gran parte de Latinoamérica, Asia y África. Las estructuras financieras, las obligaciones contractuales y las dependencias regionales desarrolladas alrededor de este combustible hacen muy difícil retirarlo, aun cuando los beneficios de hacerlo son indiscutibles. En muchos mercados, es necesario mantener las plantas de carbón operando para garantizar el suministro eléctrico. La antigüedad promedio de las plantas de carbón en el Sudeste Asiático es de apenas 11 años, comparada con 41 años en Estados Unidos¹²; y entre el 50% y el 100% de la capacidad de carbón está vinculada a contratos de compraventa de energía (PPA) con entre nueve y dieciocho años restantes.¹³ Como resultado, las empresas de servicios energéticos y los dueños de activos tienen incentivos financieros y legales para mantener estas plantas operando, aun cuando las energías renovables ya son más económicas. Además, muchas de estas empresas no están listas para transitar hacia energías limpias: alrededor del 60% de las compañías eléctricas en mercados emergentes no logra cubrir sus costos operativos ni de deuda; lo que limita su capacidad para absorber pérdidas por el cierre anticipado o para financiar nueva capacidad energética.¹⁴ Tan solo en el Sudeste Asiático, las plantas de carbón podrían enfrentar pérdidas por activos varados de entre US$85 mil millones y US$106 mil millones hacia 2060.¹⁵ En muchas regiones, el carbón también sostiene las finanzas públicas locales mediante impuestos y regalías. Por lo que, el retiro anticipado requiere mecanismos financieros capaces de hacer varias cosas a la vez: compensar a los dueños de activos, refinanciar la deuda, apoyar a trabajadores y comunidades afectadas, así como financiar nueva infraestructura y redes eléctricas. Lo anterior es un reto complejo que pocos mercados pueden resolver por sí solos. El retiro del carbón sin un plan creíble tiene consecuencias concentradas y graves. Las personas más vulnerables, incluyendo a los trabajadores informales, contratistas y proveedores locales, suelen quedar fuera de los mecanismos formales de transición. Además, pocas regiones cuentan con estrategias adecuadas de diversificación económica, programas de reconversión laboral, mecanismos de apoyo comunitario necesarios para gestionar la transición energética de manera justa.

Generación global de electricidad por fuente, 1985–2025

En 2025, las energías renovables superaron al carbón, poniendo fin a más de 100 años de dominio del carbón en la generación eléctrica mundial. Tan solo la energía solar cubrió el 75% del crecimiento de la nueva demanda eléctrica en 2025; sin embargo, el carbón todavía suministra alrededor de una tercera parte de la electricidad mundial.

Fuente: Our World in Data

Edad promedio de las plantas de carbón existentes en regiones seleccionadas, 2020

La flota del Sudeste Asiático se ha vuelto más joven desde 2020 debido a la entrada en operación de nueva capacidad. Con más de 25–30 años de vida útil operativa restante, estas plantas representan uno de los retos de retiro más complejos y urgentes.

Fuente: Adaptado de IEA y Global Energy Monitor

2. La infraestructura se está quedando atrás: las redes eléctricas tienen poco financiamiento, son insuficientes y no están preparadas para la integración de energía renovable

Desde los apagones generalizados en Sudáfrica hasta las frecuentes interrupciones del suministro eléctrico en Vietnam, las redes eléctricas de todo el mundo necesitan urgentemente una modernización.

Reemplazar la generación basada en combustibles fósiles por energías renovables es solo una parte del desafío. Para que la transición energética sea exitosa, la infraestructura debe avanzar al mismo ritmo. Las redes eléctricas son la columna vertebral de los sistemas energéticos. Cada torre, cable y transformador sostiene el sistema que lleva electricidad a hogares, hospitales y fábricas. Sin embargo, en muchos casos, estas redes son antiguas, frágiles y están bajo una presión cada vez mayor. En muchos países, la demanda de electricidad está creciendo más rápido de lo que la red de transmisión puede soportar. En la última década, tan solo la demanda de electricidad de los centros de datos se ha triplicado y podría duplicarse nuevamente hacia 2030; mientras que los cambios en sectores relacionados, como la transición de calderas de gas hacia bombas de calor, continúan aumentando la demanda.¹⁶ Esto significa que las redes de transmisión, frecuentemente comparadas con autopistas que transportan electricidad a lo largo de un país, podrían quedarse pronto sin capacidad suficiente. Los apagones en España y Portugal en 2025, los peores en Europa en los últimos 20 años, evidenciaron lo grave que puede ser una falla en las redes eléctricas.¹⁷ Aviones y trenes quedaron paralizados, los servicios de emergencia fueron inaccesibles debido a interrupciones en las líneas telefónicas y al menos siete personas fallecieron. En otras regiones también se presentan problemas similares, desde apagones programados en Sudáfrica hasta interrupciones frecuentes en el suministro eléctrico en Vietnam. A nivel global, las redes eléctricas necesitan una modernización urgente. En primer lugar, no son suficientemente extensas. La Agencia Internacional de Energía estima que, para mantener la seguridad energética y cumplir los objetivos climáticos nacionales, es necesario construir o modernizar más de 80 millones de kilómetros de infraestructura de red hacia 2040, lo que equivale a reconstruir toda la red eléctrica mundial en poco más de una década.¹⁸ La distribución es tan importante como la escala. Conforme las redes eléctricas se expanden, en muchos países éstas deberán tener la capacidad para integrar energía renovable a gran escala y, al mismo tiempo, ampliar el acceso confiable a electricidad para poblaciones rurales y desatendidas. Sin una planeación adecuada, la eficiencia del sistema podría priorizarse por encima del acceso universal a la electricidad, reforzando desigualdades existentes. En segundo lugar, la infraestructura actual no siempre está diseñada para responder a las necesidades de la transición energética. Las redes eléctricas actuales fueron construidas para un mundo impulsado por combustibles fósiles, en el que la generación se concentraba en grandes plantas centralizadas con un suministro relativamente constante. En contraste, las energías renovables son más variables y requieren redes más distribuidas, ya que los activos de generación como los paneles solares y las turbinas eólicas están más esparcidos en los territorios, y las zonas con mayor potencial de generación muchas veces se encuentran en zonas que no cuentan con infraestructura de conexión a la red. Las redes eléctricas actuales suelen carecer de sistemas de control, automatización y herramientas digitales necesarias para gestionar altas participaciones de energías renovables y para responder de manera dinámica a las fluctuaciones en la demanda. Sin embargo, existen múltiples barreras para expandir y modernizar las redes eléctricas en la práctica. La inversión global en redes se estancado durante más de una década e incluso ha disminuido en muchas economías emergentes. Para garantizar el acceso y la seguridad energética conforme se descarboniza la economía, la inversión deberá aumentar 50%, superando los US$600 mil millones anuales, hacia 2030.¹⁹ Las restricciones en las cadenas de suministro agravan el problema. Entre 2021 y 2025, los tiempos y costos para la compra de tecnologías esenciales de las redes eléctricas, como cables y transformadores, casi se duplicaron; mientras que la escasez en la fuerza de trabajo genera retrasos adicionales.²⁰ Más allá de esto, los problemas sistémicos continúan limitando el avance, éstos incluyen capacidades institucionales limitadas, baja confianza de los inversionistas y adopción lenta de tecnologías innovadoras; además de las fallas regulatorias y de política pública que se discuten en el Reto 3.

Inversión global en redes eléctricas y generación de energía limpia (2015–2030)

La inversión en energía limpia está creciendo, pero el gasto destinado a redes eléctricas continua rezagado, a pesar del aumento en los costos de componentes clave de la infraestructura en los últimos años.

Fuente: IEA, World Energy Investment

Índice de precios de componentes esenciales para redes eléctricas (2018–2024)

En términos reales, los costos de cables prácticamente se han duplicado desde 2019, mientras que los precios de transformadores eléctricos han aumentado alrededor de 75%; los tiempos de adquisición pueden alcanzar hasta cuatro años, e incluso más para componentes especializados.

Fuente: IEA

La descarbonización de un sistema eléctrico requiere que el retiro del carbón, la inversión en redes eléctricas y el despliegue de energías renovables avancen de manera coordinada, como parte de un esfuerzo conjunto y secuenciado, incorporando desde el inicio las implicaciones para las personas trabajadoras y las comunidades. Actualmente, en la mayoría de los casos alrededor del mundo, estos procesos se gestionan por separado.

3. Las políticas y regulaciones desactualizadas limitan el despliegue de energías renovables

Las redes eléctricas no son el único componente del sistema energético que se creó alrededor de los combustibles fósiles. La arquitectura energética en general, desde mercados y contratos hasta procesos de permisos y marcos regulatorios, evolucionó alrededor de una generación predecible, centralizada y bajo demanda. Las energías renovables operan bajo una lógica distinta para la cual estos sistemas no fueron diseñados. Mientras que la infraestructura puede construirse en cuestión de años, reformular las reglas e instituciones creadas alrededor de sistemas tradicionales puede tomar mucho más tiempo – sin embargo, es un elemento esencial para avanzar en la transición energética.

En 2025, la Agencia Internacional de Energía redujo en 5% su estimación de crecimiento de las energías renovables a cinco años.²¹ Esto equivale a aproximadamente 248 GW de capacidad que no se construirán, no porque la tecnología no esté lista o falte inversión, sino porque los sistemas regulatorios y de implementación están frenando su implementación. A nivel global, los proyectos solares tardan en promedio cinco años en obtener permisos; para proyectos eólicos, el promedio es de siete años.²²

Entre 2019 y 2021, Vietnam añadió más de 12 GW de capacidad solar – uno de los despliegues más rápidos jamás registrados. Sin embargo, por una mala planeación el sistema no pudo integrar esta capacidad, generando restricciones operativas y disputas regulatorias que actualmente afectan a 173 proyectos valuados en aproximadamente US$13 mil millones, y que siguen sin resolverse.²³

Pakistán presenta una historia distinta, pero que también es informativa. El país ha importado alrededor de 50 GW en paneles solares, convirtiéndose en el tercer mayor mercado global para paneles chinos, con aproximadamente 34 GW ya instalados. Sin embargo, el 10% de los hogares aún no tiene acceso a electricidad, los apagones continúan por hasta 12 horas al día y las tarifas eléctricas residenciales han aumentado 155% en apenas tres años.²⁴ El auge solar ocurrió en gran medida fuera de marcos regulatorios formales: gran parte de la capacidad está fuera de la red eléctrica (off-grid o behind-the-meter), no está integrada a la red nacional y está concentrada en hogares con mayores ingresos que tienen la capacidad de desconectarse parcialmente de la red eléctrica.

Estos retos son aún más graves en mercados emergentes, donde las empresas de servicios energéticos suelen ser empresas estatales que operan bajo restricciones políticas y fiscales, lo que vuelve a las reformas más lentas y difíciles. En contextos donde la electricidad está subsidiada y las agencias regulatorias cuentan con capacidades limitadas, la adaptación no solo requiere nuevas políticas, sino también capacidad técnica y certeza regulatoria; además para implementar las regulaciones actualizadas, es necesario mantener una coordinación entre diferentes actores como gobierno, industria y sociedad civil. Cuando estas capacidades son débiles, las transiciones corren el riesgo de estancarse o generar consecuencias sociales y económicas no deseadas que retrasan aún más el proceso. Asimismo, desarrollar estas capacidades requiere tiempo y coordinación.

En México, por ejemplo, el despliegue de energías renovables enfrenta barreras clave como la incertidumbre regulatoria y una matriz energética aún dominada por combustibles fósiles. Recientemente, en el país se establecieron objetivos vinculantes de generación renovable y se reconoció el papel de nuevas tecnologías como los sistemas de almacenamiento dentro del sistema eléctrico nacional²⁵, no obstante, la implementación de normativas específicas para estas nuevas tecnologías ha sido gradual. Lo anterior, aunado a un modelo que reafirma la prevalencia de la generación pública sobre la privada, ha limitado la certidumbre regulatoria para la implementación de nuevas tecnologías. Adicionalmente, la falta de claridad en los mecanismos de evaluación de proyectos, así como la falta de transparencia en los procesos de planeación para la industria y la sociedad civil, reducen la velocidad a la que las energías renovables y otras tecnologías habilitadoras podrían integrarse y contribuir a la transición energética del sistema eléctrico mexicano.²⁶

Adicionalmente, los problemas de planeación estratégica agravan los retos anteriormente mencionados, y esto pocas veces se menciona en los titulares. La descarbonización de un sistema eléctrico necesita que el retiro del carbón, la inversión en redes y el despliegue de las energías renovables avancen en conjunto y de forma coordinada, como un esfuerzo colectivo, que, desde un inicio considere las implicaciones para los trabajadores y las comunidades. Actualmente, estos procesos se gestionan por separado en la mayoría de los casos a nivel global. Las consecuencias se reflejan en los flujos de inversión: para los mercados emergentes con marcos regulatorios débiles, ausencia de estructuras competitivas de mercado, volatilidad cambiaria y altos niveles de deuda pública, es mucho más difícil atraer el capital privado necesario para acelerar la transición energética. El resultado puede convertirse en un círculo vicioso donde las condiciones para atraer inversión son más difíciles de construir precisamente donde más se necesita el flujo financiero.

En Sudáfrica, las plantas de carbón han operado más allá de las fechas previstas de retiro, mientras que las redes eléctricas y la nueva capacidad de reemplazo luchan por mantenerse al ritmo de la demanda. En Indonesia, se han establecido metas de energías renovables sin contar con los marcos regulatorios necesarios para atraer la inversión requerida para lograrlas. Las transiciones planeadas de manera aislada avanzan lentamente, y las fallas que generan debilitan el argumento para mantener la ambición climática.

Justificar la necesidad de un cambio debería ser, en teoría, la parte sencilla. Sin embargo, la energía limpia muchas veces es enmarcada y percibida como un costo, en lugar de como una ruta hacia energía más barata y segura, y como una nueva oportunidad económica. Sin un diseño tarifario adecuado y apoyo focalizado, existe el riesgo de que el aumento en los costos se transfiera a quienes tienen menor capacidad de pago; y cuando eso ocurre, el apoyo hacia la transición energética se pone a prueba. Para cerrar esta brecha es necesario alinear los sistemas regulatorios, la coordinación institucional y la voluntad política.

Inversión en energía renovable por región, 2024

En las economías emergentes, la inversión en energía renovable por persona representa solo una fracción de la que se genera en las economías avanzadas. Los marcos regulatorios y políticos frágiles, el riesgo cambiario y la deuda soberana hacen más difícil el dirigir financiamiento a estos mercados emergentes.

Fuente: IRENA

LAS SOLUCIONES

1. Crear las condiciones para una transición rápida y justa del carbón hacia energías limpias

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2. Construir las redes eléctricas del futuro: más grandes, inteligentes y resilientes

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3. Hacer que la transición energética funcione como una solución sistémica, y no por partes

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1. Crear las condiciones para una transición rápida y justa del carbón hacia energías limpias

Lo que suele determinar el éxito o el fracaso de una transición del carbón es el financiamiento, especialmente la ausencia del financiamiento adecuado.

El reto centro para el retiro del carbón no es la falta de ambición, sino la falta de experiencia técnica combinada con un entendimiento local para convertir los compromisos en planes viables e implementables. Para los gobiernos, las empresas del sector energético y las comunidades, las preguntas clave son qué reemplazará al carbón, cuándo sucederá, cuánto costará y qué implicaciones tendrá para las personas cuyos medios de vida dependen de esta industria. Sin respuestas claras y creíbles, el cierre de las plantas se estanca.

Carbon Trust trabaja en Latinoamérica, Asia y África austral en el desarrollo de estrategias de transición adaptadas al contexto específico de cada país: la antigüedad y el papel de sus plantas, los contratos que vinculan a las empresas del sector energético con el carbón, las condiciones políticas para impulsar el cambio y las alternativas disponibles. Para el Banco de Desarrollo de Asia, esto ha implicado realizar análisis detallados a nivel de planta en Indonesia, Filipinas, Vietnam, Pakistán y Kazajistán, identificando qué plantas y activos tienen mejores condiciones para su retiro, reconversión o modernización, y en qué secuencia. En Sudáfrica y Colombia, esto ha significado trabajar directamente con gobiernos en reformas políticas y regulatorias, y renegociaciones de contratos que hagan posible el retiro de plantas desde una perspectiva legal y financiera.

En muchos casos, lo que determina el éxito o fracaso de una transición fuera del carbón es el financiamiento, particularmente la ausencia del tipo de financiamiento adecuado. Una planta de carbón en Filipinas con quince años restantes en su contrato de compraventa de energía (PPA) difícilmente cerrará anticipadamente sin un plan creíble que permita compensar a los dueños del activo, refinanciar la deuda y financiar nueva capacidad de generación. Carbon Trust colabora con bancos de desarrollo, filantropías e inversionistas privados para explorar estrategias que apoyen el retiro progresivo o la reducción del carbón, incluyendo la estructuración de mecanismos de finanzas combinandas (blended finance) que faciliten que el modelo financiero funcione. Esto ha incluido apoyo directo al Mecanismo de Transición Energética (ETM, por sus siglas en inglés) del Banco de Desarrollo de Asia, que ha movilizado miles de millones de dólares para adquirir plantas de carbón en el Sudeste Asiático, adelantar su retiro y reemplazarlas con energías renovables.

En 2021, durante la COP26, Carbon Trust co-creó el Acelerador de Transición de Activos de Carbón (Coal Asset Transition Accelerator- CATA), junto con RMI y Climate Smart Ventures, en alianza con IKEA Foundation, Growald Climate Fund y European Climate Foundation. CATA fue la primera plataforma global de este tipo en reunir empresas del sector energético, gobiernos, bancos de desarrollo e inversionistas para realizar el trabajo práctico y técnico necesario: compartir análisis, alinear estrategias y brindar asistencia técnica. Desde entonces, CATA ha apoyado a gobiernos y dueños de plantas y activos de carbón en Filipinas, Colombia, Chile, Indonesia y Sudáfrica. En 2025, se estableció una oficina de proyectos independiente y se aseguró nuevo financiamiento filantrópico con la ambición de apoyar hasta 100 proyectos de transición del carbón hacia 2030. Mientras evoluciona hacia una entidad independiente, Carbon Trust continúa siendo un socio estratégico clave en su implementación.

Nada de esto funciona sin considerar a la dimensión humana con la misma seriedad que la dimensión técnica. En comunidades que dependen del carbón como Mpumalanga, en Sudáfrica, o Kalimantan, en Indonesia, generaciones completas han construido sus vidas alrededor de esta industria. Es ahí donde realmente se pone a prueba la credibilidad de cualquier plan de transición. Junto con cada estrategia de retiro del carbón, Carbon Trust desarrolla marcos de trabajo para resolver lo que ocurre en paralelo: entender los impactos a los medios de vida; identificar oportunidades de diversificación económica; desarrollar rutas de reconversión laboral para trabajadores formales y contratistas, actores de cadenas de suministro y actividades económicas informales que dependen de activos de carbón, asegurando que la planeación de la transición integre a todos los grupos afectados.

A qué actores reúne CATA y qué obtiene cada uno

Dónde ha apoyado Carbon Trust las transiciones del carbón hacia energías limpias

El apoyo ha incluido análisis de prefactibilidad para el Mecanismo de Transición Energética, asistencia técnica de CATA, marcos de transición del carbón y asesoramiento estratégico para transiciones hacia energías limpias.

“La transición energética es una oportunidad histórica para impulsar la prosperidad de Latinoamérica con más acceso a energía renovable y redes eléctricas flexibles, mayor inversión y más oportunidades a nivel local y regional”
Amanda Luna Mera, Líder de Energía Limpia para Latinoamérica Carbon Trust

2. Construir las redes eléctricas del futuro: más grandes, inteligentes y resilientes

Para modernizar las redes eléctricas es necesario avanzar en tres áreas clave: flexibilidad de la red, innovación tecnológica y financiamiento para redes eléctricas.

La flexibilidad facilita que las redes equilibren la oferta y la demanda de electricidad. Más que una sola tecnología, se trata de un conjunto de soluciones. El almacenamiento energético, como las baterías a gran escala, captura los excedentes de energía renovable y los libera cuando la demanda alcanza su punto máximo. Las interconexiones entre países o regiones permiten que la electricidad fluya hacia donde más se necesita. Las formas flexibles de generación, incluyendo el hidrógeno verde, que puede almacenarse durante meses, ofrecen respaldo durante periodos prolongados sin sol o viento.

La flexibilidad del lado de la demanda implica modificar cuándo y cómo utilizan la electricidad los consumidores. Por ejemplo, la carga inteligente de vehículos eléctricos permite consumir electricidad automáticamente durante la noche, cuando la energía es más barata y abundante, e incluso devolver electricidad a la red cuando es necesario. Para aprovechar estos beneficios no solo se necesita nueva infraestructura, como tecnologías con la capacidad de gestionar flujos eléctricos bidireccionales, sino también reformas de mercado que recompensen o premien estos cambios en el consumo y contribuyan a construir un sistema más equitativo para todos los usuarios.

Cuando se implementa correctamente, la flexibilidad permite que las redes hagan más con menos. Los países que cuantifican e integran estas soluciones desde etapas tempranas pueden reducir costos, tanto para el sistema en general como para los hogares, fortalecer la seguridad y confiabilidad energética, y limitar la magnitud de expansión necesaria de las redes eléctricas. En Gran Bretaña, Carbon Trust estimó que un sistema energético completamente flexible podría generar ahorros netos de hasta £16.7 mil millones al año hacia 2050.²⁷

Las tecnologías innovadoras pueden impulsar esta flexibilidad, además de hacer las redes más resilientes y eficientes. Las redes inteligentes utilizan monitoreo digital, sensores avanzados y sistemas automatizados de control para mantener el flujo eléctrico de manera eficiente y responder a interrupciones en tiempo real. Mientras que un operador convencional podría tardar horas en redirigir electricidad alrededor de una falla, una red inteligente puede hacerlo en cuestión de segundos, protegiendo el suministro y reduciendo los costos asociados a las interrupciones. Al mismo tiempo, los sistemas de pronóstico impulsados por inteligencia artificial permiten anticipar cambios en la demanda y en la generación renovable, cada vez con mayor precisión, facilitando decisiones más eficientes para la operación de redes eléctricas.

La buena noticia es que estas soluciones son técnicamente viables. Sin embargo, implementarlas a escala, tanto de manera comercial como efectiva, requiere un conjunto de reformas regulatorias, mejores procesos de planeación y una coordinación estrecha entre los ministerios de energía, reguladores, empresas de servicios energéticos y operadores del sistema. Los consumidores también deben participar activamente para aprovechar las oportunidades que ofrecen las redes más flexibles y dinámicas. Una parte central del reto sigue siendo la inversión, particularmente en economías emergentes, las cuales actualmente reciben apenas el 18% de la inversión global en energía limpia, a pesar de concentrar más de la mitad de la población mundial.²⁶

Todo lo anterior inicia frecuentemente contando con la información y hallazgos relevantes. Por ejemplo, conocer las barreras operativas puede facilitar la identificación de la combinación de soluciones de modernización más adecuada para cada mercado específico, desde estabilidad de red hasta monitoreo y digitalización, así como las políticas necesarias para implementarlas. La evidencia clara de cómo la flexibilidad reduce costos y fortalece la seguridad energética, qué condiciones generan mayor valor y qué tipos de flexibilidad son más adecuados para cada contexto, ayuda justificar la acción entre tomadores de decisión, inversionistas y consumidores. Al mismo tiempo, una visión clara de las necesidades de financiamiento y de las barreras persistentes puede facilitar el acceso a recursos, al identificar qué actores deben involucrarse y cómo integrarlos, incluyendo gobiernos, instituciones financieras y operadores de red; así como qué tipos de financiamiento serán necesarios, desde inversión privada hasta asociaciones público-privadas y mecanismos especializados de inversión.²⁸

En números:

US$1.8 billones

De inversión global en redes eléctricas que podría evitarse hacia 2050 mediante la implementación de flexibilidad del lado de la demanda. Fuente: IEA

£300 millones

Estimados de ahorros por la flexibilidad energética para los consumidores en Gran Bretaña durante entre 2024 y 2027 Fuente: Energy Networks Association

Si se implementa correctamente, la flexibilidad puede permitir que la red eléctrica haga más con menos. Los países que la cuantifican e integran desde etapas tempranas pueden reducir costos (tanto para el sistema en su conjunto como para los hogares), fortalecer la seguridad y confiabilidad energética, y limitar la magnitud de las ampliaciones necesarias en la red eléctrica.

3. Hacer que la transición energética funcione como una solución sistémica, y no por partes

La mayoría de los países ya cuentan con metas climáticas; aunque muchos menos países tienen planes lo coordinados suficientemente para cumplirlas. Retirar los combustibles fósiles, desplegar las energías renovables y modernizar las redes eléctricas son retos enormes por sí solos y, cuando avanzan de manera separada, pueden incluso comprometerse uno a otro.

Para cerrar esta brecha, Carbon Trust y TransitionZero desarrollaron Greenprint, como un enfoque práctico. Se inicia con una evaluación realista del sistema eléctrico existente de un país: qué está funcionando, dónde son insuficientes los planes actuales y qué barreras podrían retrasar la implementación. A partir de esta base, se utilizan modelos de sistemas eléctricos de acceso libre para identificar las alternativas de menor costo y, esencialmente, coordinar el retiro del carbón, la inversión en redes eléctricas y el despliegue de energías renovables de manera simultánea.

Este análisis se convierte en un plan de implementación y un portafolio de inversión, traduciendo el diseño del sistema en proyectos bancables que puedan los inversionistas puedan financiar y que los gobiernos puedan implementar. Además, Greenprint fortalece las capacidades de las instituciones nacionales para planear, financiar e implementar la transición energética a largo plazo. Los planes deben hacer mucho más que simplemente poner en marcha la energía limpia de manera eficiente. Cada decisión gubernamental sobre cómo financiar y regular la transición define quién se beneficia primero, quién asume los costos y qué regiones o grupos resultan más impactados por el cambio. Para que la transición sea económica y socialmente sostenible, los planes deben considerar impactos en empleo, asequibilidad y acceso a electricidad. En los países donde los combustibles fósiles son una fuente importante de ingresos, estos planes también deben definir de dónde provendrán los recursos para financiar los servicios públicos en el futuro.

Sin embargo, esto representa solo una parte de la historia; un plan que parece sólido en papel, pero que no puede resistir su primera prueba política, difícilmente será implementado. Greenprint desarrolla la justificación económico y político de la transición energética junto con la técnica, demostrando qué implicaciones tendrá en las tarifas eléctricas, el empleo y la seguridad energética, particularmente para hogares de bajos ingresos, así como la manera en que estos beneficios pueden materializarse lo suficientemente pronto para mantener el apoyo social y político.

No existen dos países iguales y, por lo tanto, cada transición energética y cada Greenprint serán distintos. La red eléctrica de Bangladesh aún no puede absorber grandes volúmenes de generación solar, mientras que el sector energético de Pakistán enfrenta una situación financiera frágil y una presión fuerte sobre el suministro. Sin embargo, aprender de la experiencia de otros países permitirá avanzar más rápido y evitar repetir errores. Greenprint servirá como una plataforma para compartir estas lecciones, especialmente en economías emergentes donde la planeación integrada es más urgente.

Greenprint: Cómo funciona

La falta de coordinación genera ineficiencias, retrasos y mayores costos. Greenprint impulsa la coordinación al abordar consideraciones tecnológicas, regulatorias y socioeconómicas.

Tecnológico:

  • ¿Cuál es el mejor uso de la flexibilidad para optimizar costos y eficiencia?
  • ¿Cuánta infraestructura se necesita construir y cuándo?
  • ¿Cuáles son las mejores opciones tecnológicas para garantizar un sistema eléctrico seguro y asequible?

Socioeconómico:

  • ¿Qué nivel de inversión se requiere para alcanzar el ritmo de cambio necesario?
  • ¿Qué empleos están en riesgo o se crearían con la transición?
  • ¿Cuáles son los costos y beneficios socioeconómicos más amplios, incluidos los impactos en la salud?

Política y regulación:

  • ¿Qué políticas se necesitan para incentivar la expansión de las redes eléctricas y las energías renovables?
  • ¿Cómo pueden las políticas y la regulación respaldar nuevos modelos de operación del sistema, así como a los trabajadores y comunidades que actualmente dependen de los combustibles fósiles?

Nuestros Especialistas en Transición Energética:

Amanda Luna Mera

Líder de Energía Limpia para Latinoamérica

Sebastián Del Cueto

Gerente de Transición Energética para Latinoamérica

Juan Quiroga

Gerente Sénior de Transición Energética

Joaquín Gutiérrez

Especialista de Transición Energética para Latinoamérica

Andrew Lever

Director de Transición Energética

George Mowles-Van Der Gaag

Director Asociado de Transición Energética

Masaō Ashtine

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Referencias:

1 Ember: Global Electricity Review 2025

2 IEA: Access to electricity stagnates, leaving globally 730 million in the dark

3 The Guardian: Clean energy generation exceeded rise in global electricity demand in 2025

4 IRENA: Renewable Power Generation Costs in 2024

5 ECIU: 10 Years Post-Paris: How emissions decoupling has progressed

6 UNEP: Emissions Gap Report 2025

7 IEA: Global Energy Review 2025

8 IEA: Electricity 2026

9 IEA: Coal 2025

10 IEA: Global Energy Review 2026

11 IEA: Net Zero by 2050

12 RMI: Financing Mechanisms to Accelerate Managed Coal Power Phaseout (.pdf)

13 Reuters: Decades-long contracts chain Asia to coal-fired power

14 World Bank: The Critical Link: Empowering Utilities for the Energy Transition

15 ASEAN Centre for Energy: Southeast Asia faces high stranded asset risk from coal power investments

16 IEA: Energy and AI

17 ENTSO-E: 28 April 2025 Blackout

18 IEA: Lack of ambition and attention risks making electricity grids the weak link in clean energy transitions

19 IEA: Electricity 2026

20 IEA: Rising component prices and supply chain pressures are hindering the development of transmission grid infrastructure

21 IEA: Renewable electricity

22 IEA: Renewables 2025

23 Global Energy Monitor: A Race to the Top Southeast Asia 2024

24 TransitionZero: Shedding light on Pakistan’s distributed solar revolution

25 The Carbon Trust: Flexibility in Great Britain

26 BloombergNEF: A Decade After the Paris Agreement, Clean Energy Is Making Strides in Emerging Markets but Investment Gaps Persist

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